
Isabel Tocino, la ambición rubia del Partido Popular
Introductora del carmín, la crema hidratante y el buen tinte en el Congreso de los Diputados, Isabel Tocino lleva desaparecida casi ocho años de la vida pública, desde que dejó de ser ministra de Medio Ambiente. Prototipo de la mujer ideal del PP y seguidora de las tendencias marca Norma Duval, revolucionó las sesiones de control al Gobierno en la Cámara Baja. Sin embargo, dos legislaturas después, pocos saben qué hace ahora la firmante del Protocolo de Kioto.
En 1996 Isabel Tocino llegó al Consejo de Ministros y con ella también entró en La Moncloa y en la política española el sentido común, que venía en forma de trajes de marca, tacones altos y moldeados de última creación. Después de ocho años desaparecida, nos hemos preguntado dónde demonios está ahora la que fuera musa de Nelly.
Y mira por dónde que nos hemos enterado de que Isabel Tocino Biscarolasaga (ya no quedan ministras de buena familia) acaba de iniciarse en el mundo literario con la obra “Mi hija es celiaca”, donde cuenta la historia de su hija, alérgica al gluten. Pues muy bien nos parece.
Sin embargo, el motivo de este “¿Dónde estás, cari?” es más que nada una excusa para reivindicar la figura de esta política a la que Aznar tuvo la mala baba de concederle el ministerio de Medio Ambiente.

"Este collar me está ahogando y no me deja ni tragar saliva"
Y es que una señora como Tocino, con su desparpajo y, sobre todo, con su fondo de armario, hubiera lucido más en Cultura, o en un departamento nuevo de Estética y Saber Estar, que no le hubiera ido nada mal a este país de Rosas Leones, Matildes Fernandez o Cristinas Almeidas.
Pero no, Isabel tuvo que conformarse con tragar polvo, proyectar pantanos, medir los niveles de contaminación de las ciudades, calibrar el impacto medioambiental de los trazados del AVE o negociar la emisión de gases tóxicos, cuando a ella (y a nosotros) se la traía al pairo.
En vez de trajes de chaqueta, que también los utilizaba en el Congreso, la ministra tuvo que enfundarse pantalones de faena y en vez de zapatos de tacón, que se calzaba siempre que podía, tuvo que andar sobre botas de trabajo para defenderse en el fango de los caminos de cabras o en la mierda que colapsaban las plantas de compostaje.

Isabel Tocino había llegado a esta responsabilidad después de años de militancia en las filas del PP. Miembro concienciado del Opus y madre de seis hijos seis, Tocino mantuvo un pulso con el mismísimo Aznar en 1989 para liderar el partido, saliendo perdedora de la batalla, por lo que se tuvo que conformar con las migajas del Gobierno de 1996.
¿Volverá Isabel en el próximo congreso del PP? Seguramente no y nos quedemos con ganas de ver cómo a golpe de melena pone orden en la sede de Génova. Dios la bendiga haga lo que haga.




