
Menos mal que existe Dover (o qué asco la música española y sus premios)
No hay palabras para describir el cutrerío rancio con sabor a café teatro que ayer desprendió la supuesta gala más importante de la música en nuestro país. Puro reflejo de la patética cultura musical española, lo de anoche en Córdoba parecía hasta hecho aposta para convencer a quien tuviera dudas de que, a este país, en estos momentos, sólo le salva Dover, Fangoria, y poco más.
Las Hermanas Llanos se llevaron al final tres de los seis premios a los que optaban. Ellas sólo subieron a recoger uno, el de Mejor Álbum Pop Alternativo, ya que su productor Daniel Alcover fue quien se llevó el de Mejor Técnico de Sonido, y un tipo muy raro de demente discurso, en nombre de Struendo, el de Mejor Vídeoclip por "Let me out".
Gracias a la presencia de Follow The City Lights entre el elenco ganador (fue finalmente el disco más premiado) podemos aún esperar algún tipo de cambio o apertura de mente en esta ignorancia carmencalviana en la que parecemos vivir. Y aunque la siempre acertada Alaska dijera ayer un rotundo "Hay futuro", nosotros lo vemos bastante negro cuando sale proclamada mejor canción del año "Por la boca vive el pez" de Feo y Los Fitipaldis.
Claro que, viendo el tufo a naftalina que desprendía ayer todo, uno se imagina a los votantes, que son los "autores", signifique eso lo que signifique, aburridos en casa bebiendo té, escuchando a Sabina y tratando de elegir la mayor de las tres o cuatro mierdas que había nominadas en cada categoría. ¿Cómo puede ser que en una gala de premios musicales, lo único que se vea sean hombres de cierta edad, trajeados, teorizando empresarialmente sobre la industria musical? ¿Dónde están las luces, las baterías, los bailarines, la bola de discoteca? En su lugar, un teatro rancio, decorado como en los peores ochenta de TVE, con pintadas en las paredes que pretendían ser... ¿punk? "Poned pintadas de esas callejeras por ahí, que quedan muy modernas", diría la funcionaria encargada de la dirección artística, por decir algo, del entuerto. Y después, a tomarse un café, que eso de la música en realidad le importaba un pito. Un suelo de tablas como carcomidas, un tono marrón dominante y mucho polvo, porque nosotros hasta por la tele percibíamos el polvo, daba a todo el rollo una atmósfera más triste que los cuadros aquellos setenteros de arlequines llorones.
¿Y las actuaciones? Pues para que queremos más. Falete, Miguel Poveda, Melendi... de lo mejorcito, oiga. Eso sí, salvamos a Fangoria, ya que Alaska cantó estupendamente embutida en naranja, aunque a veces nos preguntamos: si le van a poner cuatro metros más atras, en una zona oscura, y cubierto de humo, ¿para qué se llevan a Nacho Canut?
Claro que lo realmente fuerte fueron las entregas de premios en sí. Obviaremos chistes muy fáciles sobre ciertas categorías como Mejor Álbum de Música Tradicional (¿Andrés Calamaro?), y nos quedaremos con algunos momentos de vergüenza ajena. Está la pobre Olvido, metida en un embolado, dando algunos premios (ella se lo entregó al tipo raro que hizo el vídeo de "Let Me Out"), y le toca la categoría Mejor Canción Hip Hop. Se lo llevan los Violadores del Verso, y los tíos se levantan... y vuelven a sentar sin ir a por él. Estupendo. Todo el mundo hace como que no ha pasado nada, y ya está. Total, ¿quién coño quiere un Premio de la Música?
Otra polaroid. Llega el momento de Mejor Artista Revelación, y lo gana Nena Daconte por el disco "He perdido los Zapatos". Pero en lugar de decir esto, el andaluz chungo que lee la tarjeta dice: "Y el premio es para Mai Meneses con 'En qué estrella estará'". La rastas que acompaña al andaluz chungo dice "pero no puede ser". No le hacen ni caso. Sube el Manager de Nena Daconte y agradece el premio y bla bla bla. De nuevo, aquí no ha pasado nada. Claro que resulta que tal premio, el de "Mai meneses por En qué Estrella Estará", es real, pero pertenece a otra categoría, la de "Autor Revelación". O sea, que aquí se abren los sobres un poco al tuntún, y ya está.
Y ya, lo más surrealista. Se menciona un ganador pero no está ni él, ni tampoco se ha preocupado en enviar a nadie. Pues nada. El presentador, bastante penoso en su papel de humanoide venido del futuro, vuelve a poner el premio en el atril donde están los demás, y listo. Desde luego, qué bien valorados están estos premios entre los propios músicos...
Y con este panorama, ¿de verdad se atreven a hacer manifiestos en contra de la piratería?

Daniel Alcover, artífice del nuevo sonido Dover.




