
El fascinante horror de la masacre de Virginia
Como seres humanos que somos entendemos el horror, el sufrimiento y el dolor que un acontecimiento de estas características provoca en centenares, sino miles o millones, de personas. Sin embargo, como seres clicheteros que también somos, estamos viviendo este nuevo episodio del Gran Drama Americano con absoluta fascinación y, menudo Guilty Pleasure, algarabía. ¿Alguien ha traído palomitas?

Pues sí, como bien decimos, y como bien defendió ya hace mucho el inteligentísimo Marylin Manson, hoy en día la fama es un valor en sí mismo y ha dejado de ser importante la razón que la origine. Seas un concursante de American Idol, un ídolo del MySpace, o un genocida de rasgos orientales, la fama te la ganas y, con ella, el boleto directo al olimpo de los iconos de la cultura pop. Y Cho Seung Hui, el surcoreano que ha matado a 32 de sus compañeros en la Universidad Virgina Tech, ya está colgado en nuestra pared de superestrellas, un universo de celebridades que mezcla sin moral ni pudor a Madonna con Jeffrey Dahmer y a Vlad el Empalador con Lisa Simpson. Bien es cierto que Cho Seung Hui no disfrutará de esta masiva fama en vida, ahora bien, estamos seguros que será el más malote del infierno, compartiendo patio con Ed Gein, Hitler y Kurt Cobain.
Mientras, nosotros, que nos perdimos la asignatura de moral en el colegio, seguiremos viviendo esta noticia con excitación cinematógrafica. ¡Qué lástima que los pesados de Michael Moore y Gus Van Sant en su faceta más coñazo, arruinaran las posibilidades fílmicas del otro gran tiroteo universitario, el de Columbine! A ver si ahora esta historia la coge Kenny Ortega, el director de High School Musical, y nos raeliza bonitos números musicales, con el efecto dramático que siempre da la sangre, del asiático entrando a lo Clint Eastwood en clase y vengándose de todos esos compañeros que parecía que le daban de lado. Una revisión de Carrie en toda regla, la del nerd que aniquila al yugo social que suponen sus class-mates, que sólo podía convertirse en realidad en esa gran patria que es Estados Unidos.
En cualquier caso, y por el bien de esa dolida Universidad de Virginia Tech, esperamos que el atormentado de Cho no haya tenido buena puntería y haya matado sólo a los del Club de Ajedrez y a los del Grupo de Debate, que siempre son los más aburridos, y que Animadoras y Jugadores del Equipo sigan vivitos y coleando. Si ellos están intactos, también lo está el verdadero espíritu de la enseñanza yanqui y, por ende, de todo el país.

Porque claro, ahora el pobre Estados Unidos tendrá que aguantar el embiste de toda la intelectualidad europea y mundial acusándoles, ay qué rollo, de irresponsables por mantener en vigor esa segunda enmienda que da derecho a todo ciudadano a tener un arma de fuego en casa. Algo así como el cuchillo de carnicero de tu abuela, pero que además dispara. ¿Por qué aquí en España nadie la emprende a cuchillazos en la cola del pan? Pues porque en realidad el problema no está en tener el arma al alcance de la mano, sino en que el cerebrito de esa personita enajenada esté lo suficientemente alimentado por una cultura del espectáculo y la fama, como para decidir lanzarse al estrellato por el camino más sangriento. Estamos casi seguros que Cho, en su cabecita, ésa que luego se voló disparándose a la cara, vivió todo como en una película de Tarantino. Para él esos alumnos no eran más que figurantes con bolsas de tomate bajo la ropa que se levantarían después de una espectacular escena de matanza. Al menos eso es lo que nos gusta creer a nosotros, porque como resulte al final que Cho lo hizo todo como un ataque a la cultura americana , una especie de Torres Gemelas de andar por casa, la cosa sería muuuuuucho más aburrida.
A nosotros nos gusta el concepto de cultura americana que se fagocita a sí misma, la que no necesita de agentes externos para subsistir, crecer o autodestruirse si es necesario. Nos gusta Estados Unidos como única potencia mundial, nos gusta que los estadounidenses no sepan donde está España porque ni falta que les hace, nos gusta que el mundo acabe en sus dos fronteras y dos costas… y nos gusta que los genocidas universitarios sean compatriotas de Britney y Jessica. Y como Cho Seung Hui era inmigrante legal, con lo difícil que se está poniendo eso de coseguir la green card, es ciudadano americano con todas las de la ley. Como a nosotros nos gusta.
Qué total ser una animadora del equipo, ponerte tu falda de tablas y agarrar tus pompones una mañana de 16 de abril para ir a la Virginia Tech, y que te llegue un mail de la propia Universidad a las 09.40 de la mañana, titulado: “tiroteo en el Campus”. Seguro que esa Beverly, porque se llamaría Beverly, pensó: “uy pues voy a darme prisa para ver lo que pasa”. Qué total ese jefe de policía, al que nos gusta imaginar como el sheriff del condado, diciendo que el primer tiroteo era un “incidente aislado” y que no revestía peligrosidad, a pesar de causar ya dos muertos. Y qué fuerte que pasara más de una hora, con las clases impartiéndose con normalidad, hasta que Cho entrara en el aula y acabara con otros treinta de sus compañeros. “Vosotros me habéis obligado a hacer esto”, rezaba una nota dejada en su habitación. Lo dicho, el verdugo que en realidad es una víctima. Como el mismísimo Estados Unidos.
Como homenaje a las víctimas (¡no creo en las víctimas!, que diría Trasobares), ElCliche.com lleva toda la mañana escuchando el himno nacional de Estados Unidos. Cantado por Beyoncé, claro. ¡Qué país!




