
Vicepresidenta De la Vega, la que lleva los pantalones en el Gobierno
Bien sabido es por nuestros lectores que la línea editorial de esta web condena el rojerío, la filantropía barata y no tenemos reparos en evidenciar que, no es que seamos fachas, sino que somos burgueses, occidentales y capitalistas y anteponemos nuestros bienestar a las reivindicaciones sociales de la gente supersolidaria, superconcienzada, superpacifista y super-a-favor de la integración de minorías porque nos dan igual y que solo saben decir “Fuck Bush” y “que grima me da el PP”. Sin embargo, por alguna extraña razón, este señor nos cae bien.
Maria Teresa de Calcuta Fernández de La Vega encarna todo lo que un clichetero de bien debe condenar: socialismo trasnochado, lesbianismo, discursito demagógico-social y musa de El País Semanal y todas las ratas y cucarachas afines. Sin embargo, la presunta esposa de la ex compañera de Letizia Ortiz en los telediarios del Ente nos cae bien. Y es que, al igual que somos ejemplos de cómo se puede ser fan de Teresa Campos y de AR a la vez; también demostramos que podemos admirar a Ana Botella y a la De La Vega a partes iguales.
La jefa de ZP –porque ella es la que manda- nos encanta desde que la vimos jurar el cargo. Ese careto adusto y nicotinoso, como de haber fumado en toda su vida más cigarros que Mila Ximénez y Jesús Quintero juntos, nos fascinó desde un primer momento. De hecho, gracias a su look, si pierde el cargo el próximo mes de marzo, siempre podrá conspirar para asesinar a Mariví Bilbao y esperar a que José Luis Moreno le ofrezca su personaje en “La que se avecina” sin tener que trastocar un renglón de los guiones.
Más allá de consideraciones meramente estéticas, nos encanta su carácter y lo decimos en plan bien y de corazón. Nos fascina lo seca, algo habitual por otra parte en mujeres que padecen de homosexualidad, que puede llegar a a ser. Sus comparecencias ante la prensa los viernes después del Consejo de Ministros son un alarde de: “no voy a decir más de lo que quiero contar y no me toquéis los cojones que María me espera en casa que nos vamos de fin de semana”.
Por otra parte, la oposición y sus medios afines –para que no digan que sólo hablamos mal de “El País” y de “Público”- critican que se esté construyendo un chaletazo en la sierra de de 505 metros cuadrados de superficie y 475.000 euros de hipoteca. Nosotros siempre defenderemos que el poder está para ejercerlo y, sobre todo, para disfrutarlo.
Por eso, como somos coherentes, vemos súper bien que se monte esta casita en las inmediaciones de la casa de Gran Hermano y que luzca modelazos de marca continuamente, algo que además la desmarca del estereotipo lésbico impuesto por seres tan repugnantes como Marija, Rosana o cualquier lesbiana "genérica". ¡Sólo se es vicepresidenta del Gobierno una vez en la vida! Así que hay que aprovecharlo. Asimismo, siempre hemos defendido que Esperanza Aguirre viva en un cortijo enorme o que Letizia vista de Dior con nuestros impuestos.
Estas y otras muchas razones nos llevan, por tanto, a entonar al unísono: rojerío, ‘¡no!’; Maria Teresa, ‘¡sí!’




